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Chile

Cinco meses lleva como gerente general del yacimiento del grupo Luksic. En este tiempo, Sougarret hizo un diagnóstico y definió tres áreas de trabajo para elevar la producción de la mina, que implicarán inversiones adicionales. La meta: alcanzar la plena capacidad productiva en los próximos 18 a 24 meses.

20 de Agosto de 2012.- A comienzos de agosto, Diego Hernández y André Sougarret volvieron a compartir la casa laboral. Hernández, el nuevo presidente ejecutivo de Antofagasta Minerals (Amsa), el brazo minero del grupo Luksic, visitó por primera vez las faenas de Minera Esperanza. Sougarret, el ingeniero en minas que lideró el equipo técnico que rescató a los 33 mineros atrapados en la mina San José, fue el anfitrión de la visita en su calidad de gerente general del yacimiento de Amsa.

Este año ambos dejaron de trabajar en Codelco. Sougarret a fines de febrero, como subgerente general de operaciones de El Teniente, mientras Hernández hizo lo propio a fines de mayo, como presidente ejecutivo de la cuprera estatal. “Es la tercera vez que trabajamos juntos en 25 años. Antes fue en Mantos Blancos y luego en Codelco. Es bueno reencontrarse con caras conocidas”, comenta Sougarret.

Cinco meses lleva el profesional a cargo de Esperanza. Un cambio cuyo saldo es positivo, asegura. “Estoy bien contento. Después de 20 años de trabajar en Codelco, esta es una experiencia nueva, me siento orgulloso de ser parte del mayor grupo de la minería privada en Chile; estoy con harta energía y harta motivación. También ha sido un período de aprendizaje en una operación que es bastante moderna y pionera”, indica.

Impregnarse de una cultura distinta ha sido parte de ese proceso de aprendizaje. “Aquí se creó una compañía desde la nada, recién en abril cumplimos un año de operación, versus El Teniente, que tenía más de 100 años. Hay culturas distintas y me estoy adaptando a esta nueva”, señala.

Cada una de ellas, explica, tiene su lado positivo y negativo. “Por ser una operación nueva, aquí tenemos una cultura que uno va modelando, en función de las mejores técnicas y principios que hoy día se desarrollan en la administración; a diferencia de una cultura que ya tiene 100 años, donde las cosas están más instauradas”.

Pero, al mismo tiempo, la curva de aprendizaje en una compañía nueva es un poco más lenta que en el caso de una que está más establecida, destaca. “En El Teniente hay un modelo de operación que ha funcionado, que está probado y que uno tiende a replicar en forma constante. Aquí estamos en un proceso de aprendizaje, donde existe mayor riesgo de error”, dice.

Por lo mismo, señala, clave para rentabilizar una operación nueva es tomarse el tiempo suficiente para hacer los estudios necesarios y tener una marcha blanca a toda prueba, antes de iniciar la operación comercial. “Una cosa son los estudios de ingeniería y otra muy distinta es una operación en marcha. Hay que vivir ese proceso con el tiempo adecuado, ser más cautos y contar con la mayor información posible, sobre todo, en una industria tan competitiva como la minería”, afirma. Eso es lo que a su juicio le faltó a Esperanza. “Yo le habría dado mayor tiempo de maduración antes de echarla a andar, tal vez un año más, hasta tener la certeza de que todo funcione como fue pensado, con la gente, con los equipos, con los sistemas”, enfatiza.

Sougarret llegó a Esperanza con una misión clara y específica: hacer eficiente los procesos para sacarle mayor rendimiento a la mina de cobre y oro. “El mandato de Jean Paul Luksic y de Diego Hernández es el mismo: ser bastante más productivos, sacarle mayor rentabilidad y rendimiento a los activos que hoy tenemos”, detalla.

El yacimiento, ubicado a 30 kilómetros de Sierra Gorda (Región de Antofagasta), tuvo un costo de US$ 2.800 millones y se transformó en la mayor inversión del grupo Luksic. Pero ha debido enfrentar problemas de diseño que le han impedido tener los niveles de productividad esperados por el grupo.

Se estima que en sus primeros 10 años de funcionamiento producirá unas 190.000 toneladas de cobre en concentrados por año y 230 mil onzas de oro. Según datos de la firma, al primer semestre Esperanza produjo 68.200 toneladas de cobre fino. Para el cierre del año proyectan alcanzar del orden de las 160 mil toneladas, lo que evidenciará una recuperación respecto de las 90 mil toneladas que produjo en 2011. En oro, en tanto, fueron 110 mil las toneladas producidas el primer semestre.

Una de las mayores innovaciones que introdujo el yacimiento en su operación fue el uso de agua de mar sin desalar. Si bien hoy ese proceso está funcionando de manera normal, durante todo 2011 hubo dificultades en la capacidad de bombeo del recurso hídrico. Para darle mayor seguridad y confiabilidad a la operación, la minera tuvo que comprar cuatro bombas adicionales, que significaron desembolsar US$ 10 millones.

Para fortalecer la operación del yacimiento y reducir la brecha productiva, Sougarret definió un plan de acción y se impuso una meta. “Fijamos un plazo de entre 18 y 24 meses para alcanzar los estándares para lo cual el yacimiento fue diseñado”, indica.

Las mejoras que se esperan obtener van por tres áreas. Una de ellas tiene que ver con la dureza del mineral. “Tenemos una mina que es bastante más variable en términos de la dureza del mineral respecto de lo que teníamos originalmente definido. Eso significa que en ciertos sectores tenemos mineral que es más complejo de moler y eso afecta la capacidad de tratamiento diario”, explica Sougarret.

La solución pasa por ampliar la capacidad de chancado. Por ello, instalarán un equipo adicional de prechancado, que mejorará la capacidad de procesamiento general de la planta.

Otro de los focos a abordar para alcanzar los niveles de diseño de la planta es el área de flotación. “Hemos encontrado mayor presencia de pirita en el mineral, más alta de lo que teníamos considerada, en ciertas zonas de la mina y eso podría significar una inversión adicional en lo que es el área de flotación”, dice Sougarret.

La pirita es un tipo de mineral que se encuentra en la gran mayoría de los yacimientos profundos de cobre y su principal inconveniente es que afecta a la recuperación de cobre o ley de concentrado final.

Actualmente, en Esperanza están haciendo los estudios de ingeniería para precisar cuál es la inversión que deberían concretar para resolver este tema. Los análisis debieran concluir de aquí a octubre.

Una tercera línea tiene que ver con los relaves y el área de espesamiento. “Nos quedamos cortos en la capacidad de espesamiento de relaves y vamos a tener que invertir en colocar espesadores adicionales. Hoy tenemos tres y vamos a instalar dos equipos adicionales”, detalla Sougarret.

Un relave más diluido implica una menor eficiencia en el uso del recurso hídrico, “pues se evapora más agua de la que estimamos, lo que tiene un costo mayor, porque impulsamos por medio de bombas este recurso desde el sector de la costa”.

La sola instalación de los espesadores implicará para Esperanza un costo de US$ 72 millones. “No es una inversión menor, y todavía no tenemos cuantificada cuál será el costo total de todas las mejoras que deberemos realizar”, precisa Sougarret.

La implementación de todas las mejoras al proceso se hará sin afectar la continuidad operacional del yacimiento, aseguran en Esperanza.

Aunque en lo inmediato la preocupación primera es reducir las brechas productivas, en paralelo en la minera también están avanzando en otros temas de interés. Uno de ellos son los estudios para construir un planta que permita la recuperación del molibdeno. En la firma esperan concluir esos análisis durante 2013.

Otro tema que definirán el próximo año será el desarrollo de proyectos de Energías Renovables No Convencionales(ERNC). Dado que el costo de la energía representa un 30% del gasto total de operación, en Esperanza están mirando opciones para mejorar la eficiencia energética. “Estamos evaluando desarrollar proyectos de energía solar o eólica”, cuenta Sougarret. Hoy tienen contratos de largo plazo con la eléctrica E-CL, con precios en función del carbón.

LTOL
Portal Minero