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Chile

La secretaria de Estado indicó que hoy más que nunca las compañías deben hacerse cargo de las demandas de las comunidades. “Cuando la gente reclama por olores no es porque los invente, es porque los hay y perjudica su calidad de vida”. “Puede que un proyecto esté técnicamente perfecto, pero siempre hay un grado de emocionalidad que hace que haya una cierta pasión por estos temas”.

04 de Junio de 2012.- Al igual como los chilenos han salido a protestar a las calles exigiendo educación gratuita y de calidad, cada día el empoderamiento del ciudadano común está tomando mayor fuerza en otros aspectos de la vida diaria, especialmente, en aquellos que impactan el medio ambiente. Ejemplos hay varios, en la región está el rechazo a la termoeléctrica Barrancones que concluyó en el desistimiento del proyecto en agosto de 2010 y, en las últimas semanas, el levantamiento de la comunidad de Freirina por los malos olores producidos en las instalaciones de Agrosuper.

Esto demuestra que el tema medio ambiental ha dejado de ser materia de especialistas, sino que de todos los chilenos. Por ello, de acuerdo a la ministra de Medio Ambiente, la ingeniera civil químico María Ignacia Benítez, hoy las empresas están obligadas a “ser más responsables” y para ello se han producido una serie de modificaciones legales que, en los próximos meses, se traducirán en nuevos tribunales que verán estos asuntos, como también de una Superintendencia con amplias atribuciones.

¿Usted cree que hay un celo ambiental en el país?
“Creo que la sociedad cambió. Si hace 15 ó 20 años la gente o las comunidades se preocupaban por los problemas laborales o los que en ese momento eran importantes para ellos, en este momento, la preocupación medio ambiental empieza a ser relevante y, por lo tanto, la actitud de las empresas hacia este tipo de temas también tiene que cambiar”.

¿Cómo tiene que cambiar?
“Tienen que preocuparse, del punto de vista ambiental, sus proyectos tienen que ser súper responsables con el medio ambiente y con las personas que están a su alrededor. La relación de las comunidades con las empresas debe considerar cuáles son los problemas de la gente, qué más les molesta”.

¿Deben hacer más participación ciudadana de las que le exige la ley?
“Tienen que cumplir con la normativa y sus resoluciones de calificación ambiental, cuando la gente reclama por olores no es porque los invente, es porque los hay y perjudica su calidad de vida. Si las empresas quieren estar en algún lugar, tienen que respetar a la gente y hacerse cargo de sus problemas”.

¿Esta mayor licencia social puede estar frenando inversiones?
“Al revés, diría que lo que tienen que hacer las inversiones es preocuparse de las comunidades y de lo que la gente está sintiendo y hacerse cargo de este sentimiento. Es por eso que esta es una oportunidad para que las empresas, así como hace 20 años tuvieron que solucionar sus problemas laborales, ahora tienen que solucionar los problemas ambientales para poder hacerse presentes”.

¿Cómo se puede congeniar la emotividad de los grupos con los temas ambientales que son muy técnicos?
“Ahí hay un área gris, porque efectivamente, puede que un proyecto esté técnicamente perfecto, pero siempre hay un grado de emocionalidad que hace que haya una cierta pasión por estos temas que hace que la gente se sienta como que no fue considerada, pero creo que mientras las empresas tengan un compromiso con las comunidades que les rodean de irles diciendo cómo es su proyecto, diciéndole que a lo mejor tendrán algún problema, pero que se va a solucionar, ir comunicando lo que están haciendo, se produce este encuentro que en este momento parece una línea difícil de franquear”.

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